“Alabado sea el Verbo Encarnado”
Una invitación a ser una alianza renovada.
Familia y escuela juntos en este desafío.
“La escuela y la familia es ese lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y a amar la verdad.”
Así lo expresa el Santo Padre León XIV en la Carta Encíclica Magnifica Humanistas cuando nos convoca a las escuelas y a las familias a tener una “común mirada”, mirada que se traduce en la necesidad de enseñarles a nuestros niños y jóvenes la importancia de cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de la persona. Ambos perseguimos el deseo de que estos niños y jóvenes crezcan siendo capaces de pensar con espíritu crítico y de tener valores sólidos.
El mundo de hoy nos pone frente a retos impostergables como lo es, la necesidad de actualizarnos al ritmo de los cambios sociales y generacionales, favoreciendo así un crecimiento integral de cada estudiante. Abierto a todas las dimensiones de la persona.
Como comunidad educativa velamos por delinear, cada día, un horizonte de sentido en nuestro proyecto educativo que se traduce en educar en el reconocimiento del derecho del otro, educar en la libertad y en la responsabilidad, en el sentido de la trascendencia y del bien común.
Por esta razón es preciso iniciar un discernimiento compartido entre la familia y la escuela buscando transitar este “cambio de época” asumiendo la responsabilidad de pensar ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir en común- unidad?
Contamos con una certeza… el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros.
Este mes de junio nos regala la oportunidad de ser morada, como lo fue fielmente, nuestra Hermana María de Lourdes del Santísimo Sacramento. A ella como intercesora confiamos nuestras intenciones. Este anhelo de ser alianza renovada para acompañar el crecimiento espiritual e intelectual de los estudiantes que nos son confiados.
Con dulzura de corazón, confianza y la fidelidad a la sencilla oración deseamos ser morada para que, al igual que María de Lourdes, Dios habite, con y entre nosotros.
¡Alabado sea el Verbo Encarnado!